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Como comer durante el embarazo: Una labor, tambien para Papa

June 10, 2008 - 7:30am
 
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Cómo comer durante el embarazo: Una labor, también para Papá

Mi esposa, Constance, dió a luz el mes pasado a nuestro primer hijo. Estoy feliz de decirlo, la madre y el bebé están maravillosamente.

Yo no estoy tampoco mal, aunque el embarazo fue algo desastroso en mi dieta. Yo sospecho que muchos de los futuros padres pasan por un descenso nutricional, pero no se menciona nada de ello en What to Expect When You're Expecting. Inclusive un libro de guías para estar delgado llamado The Expectant Father no cubre las preocupaciones alimenticias de los papás, que es la razón por por la que este crucial aspecto del embarazo finalmente debe ser abordado.

El primer trimestre

Las primeras cinco semanas estuvieron bien, como yo supongo que sucede con la mayoría de los hombres al principio del embarazo. De hecho, nunca había comido mejor de lo que comí entonces. Constance se estaba sintiendo bastante bien y estaba determinada a seguir el mejor protocolo nutricional posible. Yo me beneficié de los alimentos que ella preparaba cuidadosamente con vegetales de brillantes colores, pequeñas cantidades de carne y una variedad de almidones.

Luego, durante la sexta semana, aparecieron las náuseas matutinas y todas las apuestas estaban hechas.

Traté de continuar el mismo camino de la buena alimentación cocinando mis "famosos" pasteles de carne, preparando pasta primavera, pollo a la parrilla y porciones de ensaladas y verduras cocidas cada noche después del trabajo. Pero mientras las náuseas de Constance empeoraban, mis esfuerzos - y mis propios alimentos - empezaron a irse para abajo. Ella no quería venir a la mesa a comer y parecía que no tenía sentido que me preparara comida decente para mí mismo. Las comidas llegaron a ser una trampa - como atrapar el aire - un sándwich de pavo, una caja de macarrones con queso, la mitad de un bote de helado comido directamente del recipiente.

Un noche traje una jarra de salsa de tomate y la vertí sobre el espagueti y Constance, en cuanto vio como llenaba mi plato, subió corriendo las escaleras. Su aversión al ajo - y a mucho de lo que había tenido que oler - había empezado a ser algo serio, y ahora mis posibilidades habían llegado a ser más y más limitadas. Constance ni siquiera podía digerir mi consumo de pepinillos en conserva que dejé de comer al principio de su embarazo, cuando ella había empezado a tener antojos tipo comedias de la televisión.

El segundo y el tercer trimestre

Esto no terminó después de la semana doce, como se predice en algunos de los libros sobre el embarazo de la biblioteca que había acumulado. Esto no terminó después de la semana dieciséis, como nuestra amiga Fay prometió. Esto no terminó luego de la semana veinte, como Allison, quien recientemente había dado a luz, aseguró a Constance que pasaría.

Sufrí durante veintidós semanas. Para el final de nuestro maratón combatiendo las náusea de las mañanas, me había reducido a helado de vainilla, Mallomars y Entenmann's Raspberry Danish Twist. Esto fue un estado de tristeza para los asuntos de todos, con excepción del perro Ellie, quien ama el helado.

Las cosas no fueron mejores para mí después de eso. Sí, las náuseas de Constance habían pasado su nivel máximo, pero no habían llegado al punto en el que yo podía comer libremente. Un día de mayo vine a casa después del trabajo y terminé comiendo una pizza para el almuerzo. (La aversión al ajo duró todo el embarazo.)

Las comidas después de eso llegaron a ser corrientes de mantequilla de cacahuate y sándwiches de gelatina salpicados aquí y allá por queso suizo en un bagel. El desayuno era la única comida que no tenía que sufrir completa. Esta continuó consistiendo en mi usual brebaje de yogur sin olor. Pero las cenas y los tentempiés después de la cena permanecieron libres de todo, con Ellie y yo saliendo la mayoría de las noches por cenas ligeras con bebidas danesas de frambuesa.

El resultado

En total, ganamos 24 libras durante el curso del embarazo, 19 de ellas fueron las de Constance. Para cuando se rompió la fuente, yo estaba más listo para nacer que el bebé.

Mientras ella llamaba al médico para decirle que ya era tiempo, yo afanosamente empacaba para mí mismo una bolsa de labor llena de botanas. Nuestro maestro de nacimientos nos había dicho que muchos de los esposos se desmayaban en la labor debido a que se olvidaban de comer. Pan con canela y pasas, plátanos, algo de papas fritas y variadas comidas de asistencia para la labor iban en el bolso.

Después de que el gran evento finalmente llegó, 5 libras, 12 onzas y 19 ½ pulgadas de él, desde ese momento yo apenas tuve tiempo para comer. Estaba demasiado ocupado haciendo llamadas telefónicas; contemplando a mi esposa y a mi hijo con sobrecogimiento; corriendo de un lado a otro de la casa, sacando a pasear a Ellie y erigiendo el cuarto del niño; generalmente gastando mucha adrenalina.

He tenido tan pocos momentos de respiro, de hecho, apenas acabo de regresar a mi peso de antes. Usted no podría decir que estuve esperando un bebé.



Último revisado Septiembre 2001 por EBSCO Publishing's Medical Review Board

Se provee esta información como complemento a la atención proporcionada por su medico. Dicha información no tiene el propósito o la presunción de substituir el consejo medico profesional. Procure siempre el consejo de su medico o de otro profesional de la salud competente antes de iniciar cualquier tratamiento nuevo o para aclarar cualquier duda que usted pueda tener con relación a un problema de salud.

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