Debido a que la cirrosis no se puede curar, el tratamiento se enfoca en prevenir daño hepático adicional, aliviar los síntomas, y reducir el impacto de complicaciones. El hígado es un órgano grande y es capaz de realizar muchas de sus funciones vitales a pesar de algún daño. También tiene la capacidad de repararse por sí solo siempre y cuando la lesión no sea demasiado severa. Eliminar las causas de cirrosis incrementa sus probabilidades de recuperarse y llevar una vida más normal.

El tratamiento involucra lo siguiente:

Cambios en el estilo de vida
Medicamentos
Cirugía
Terapias alternativas y complementarias